Iztaccíhuatl y Popocatépetl: donde el hielo también desaparece 🌋
Una travesía a las faldas del Iztaccíhuatl y la vista majestuosa del Popocatépetl, donde la naturaleza, el frío extremo y la historia de los glaciares se cruzan con una reflexión urgente sobre el cambio climático y la conservación ambiental.


El camino comienza rumbo a las faldas de los volcanes más emblemáticos de México. El objetivo parece sencillo: encontrar una cascada que nace de las montañas y escuchar el agua caer entre el silencio volcánico. Pero el terreno pronto deja claro que no es un recorrido para cualquiera. Las piedras, la pendiente y el frío convierten cada paso en un recordatorio de que aquí la naturaleza impone sus reglas.
Agua que nace del volcán
El río desciende con fuerza, siempre presente, siempre hermoso. Aunque el frío es intenso —estamos en noviembre—, el agua no congela la piel, pero sí despierta los sentidos. A esta altura, en las laderas del Iztaccíhuatl, la clima se siente distinto: el aire es más delgado y el cuerpo lo sabe.




Descanso necesario
Al caer la noche, el refugio es una cabaña sencilla, pero acogedora. Un fogón, leña, jabón olvidado por alguien más —pequeños gestos que se agradecen en la montaña— y una vista panorámica que se pierde en la oscuridad.
La chimenea se enciende. La cena es simple: banderillas, jamón serrano, lomo, chorizo y salchichón al carbón. No hace falta más. En la montaña, lo esencial basta.
El descanso es necesario. Mañana espera el ascenso al Iztaccíhuatl.


El amanecer trae consigo temperaturas bajísimas y el volcán lo deja claro. En el camino, aparece entre las nubes Don Goyo, el Popocatépetl, cubierto de nieve. Aunque su acceso está cerrado por ser un volcán activo, su presencia impone respeto.
El Popocatépetl alcanza los 5,230 metros de altura, lo que lo convierte en la tercera montaña más alta de México. A su lado, el Iztaccíhuatl —conocido como La Mujer Dormida— guarda siglos de historia, leyendas y sacrificios.
En los campamentos se observan tiendas, rastros de expediciones y placas dedicadas a personas que arriesgaron su vida para salvar a otras. La montaña no olvida.






A mayor altura, el paisaje cambia. La fauna adopta tonos amarillentos por el frío extremo. Aquí el agua no llega fácilmente; la vida sobrevive gracias a la neblina, el hielo y el deshielo.
El terreno se vuelve lodoso, probablemente por la humedad constante y el hielo que se derrite lentamente. El cuerpo comienza a resentir la altura: dolor de cabeza, cansancio, presión. Son los llamados males de montaña, una advertencia clara de hasta dónde llegan nuestras fuerzas.
No se alcanza la cima, pero sí el primer campamento. A veces, llegar casi hasta arriba también es una victoria.


La desaparición del hielo
Durante siglos, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl compartieron un glaciar. Hoy, esa historia está llegando a su fin.
El glaciar Ayoloco, el más grande que cubría al Iztaccíhuatl, ha sido declarado extinto tras investigaciones recientes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Las causas son claras y alarmantes: actividad industrial desmedida y el aumento de las temperaturas a nivel global.
Lo que antes era una cadena de volcanes cubiertos de nieve hoy son montañas desnudas, con apenas rastros de blancura. El cambio climático ya no es una advertencia futura: está ocurriendo aquí y ahora.
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Un llamado desde la montaña
Este viaje no trata solo de volcanes, cascadas o paisajes espectaculares. Trata de conciencia.
Cuidar la naturaleza empieza con acciones simples: respetar los lugares que visitamos, no destruir ecosistemas, no grafitear, no tirar basura. Si cada persona hiciera su parte, estos espacios podrían prevalecer por generaciones.
No se conquistó la cima esta vez. Pero la montaña sigue ahí, esperando. Y nosotros volveremos.
Porque explorar no es dominar la naturaleza, es aprender a convivir con ella.
¿El volcán de México se esta muriendo? 🌋
Iztaccíhuatl es uno de los volcanes de la leyenda más antigua de todo México que ha sido pasada de generación en generación, en este video descubrirás su grandeza oculta.

